Postnatal de un año y también para los padres

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Cuando se consideran las opciones de apoyo para mejorar la inserción laboral de la mujer se suelen contraponer dos derechos: los del niño al mejor cuidado y los de la madre a trabajar. ¿Es verdadera esta tensión? La evidencia respecto a los efectos de asistir a sala cuna o jardín infantil es clara. Intervenciones integrales de alta calidad a partir de los tres años son beneficiosas para el desarrollo, y tienen consecuencias positivas hasta la vida adulta. En EE.UU. se ha estimado que por cada dolar invertido se recuperan ocho en valor presente. Aquí es donde habría que concentrar la inversión: hay mucho que avanzar en cobertura y calidad.

El problema está antes de los tres años. La evidencia respecto a alternativas de cuidado distintas a la madre antes del año es negativa tanto en el niño como en la madre y, aunque con menos claridad, esta conclusión se mantiene hasta los dos años. Esto está en el sentido común de las madres chilenas, como lo revelan estudios recientes. Además, para apoyar la inserción laboral de las madres, dadas las limitaciones al trabajo flexible y part-time, la sala cuna debería funcionar por más de 45 horas semanales.

Un reciente estudio del CEP argumenta que es mejor extender el post-natal a 6 meses que expandir la cobertura de sala cuna para niños de esa edad. Tiene mayores beneficios, largos de resumir en esta columna, y es factible, si se considera que ahorra el costo de construcción y operación de la sala cuna y en licencia por enfermedad del hijo menor de un año. Un postnatal más largo, a demás, favorece (aunque no garantiza) una lactancia materna más prolongada, con beneficios adicionales en términos de salud y apego.

Llama la atención que se plantee aumentar el postnatal sólo hasta los seis meses, cuando los mismos beneficios se extienden, sin reservas, hasta el año, y quizás hasta los dos años. Por supuesto, esta alternativa tiene problemas más allá de su costo, como no proteger a las personas sin contrato o dar cobertura insuficiente a las que ganan sobre 60 UF. El espacio permite tratar sóloo el problema de las mujeres que verían limitada su posibilidad de acceder a cargos directivos. Es posible evitar este costo y contribuir a resolver, de paso, las resistencias culturales que consideran a las mujeres únicas responsables de las labores del cuidado y del hogar. Por ejemplo, que los padres deban compartir el postnatal. O, al menos, dejar abierta la posibilidad que cada familia decida.

En realidad, para cambiar estereotipos y avanzar en la igualdad de oportunidades para la mujer, se requeriría que la mitad del tiempo fuese obligatorio para los padres, ya que el peso de la cultura y las prácticas se traducirá, probablemente, en que muy pocos tomen la opción voluntaria. ¿Y si es mejor un año con la madre, por quizá no otro con el padre? Aunque para nosotros los adultos esto pueda parecer broma, seguro nuestros hijos se lo tomarían muy en serio.

Autor: Pedro González, Centro de Economía Aplicada de la Universidad de Chile, PNUD

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